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¡Viva San Fermín!

Hoy han dado comienzo en Pamplona las mejores fiestas del mundo, mis fiestas, las de mis paisanos, las de mis amigos y familia, la de niños y mayores, la de locales y extranjeros. Las más grandes fiestas del año, los Sanfermines. Y también hoy, tras un día de muchas experiencias, de disfrutar de almuerzo, txupinazo, fiesta, música, baile y un calor sofocante, por qué no decirlo, me he sentado un rato a escribir y he conseguido poner sobre un papel lo que para mí representan. Ahí va este humilde poema escrito en apenas un rato. Espero que os guste.

panuelos_rojos

Un instante

La vida se para un instante

Un instante que dura 9 días

La ciudad se vuelve importante

y las calles dejan de ser frías

——–

Amigos y desconocidos

comparten momenticos

charlan sin rencores,

rien y bailan sin cesar

El mundo se detiene unos raticos

y la gente olvida su pesar

——–

Blanco y rojo tiñen el asfalto

Camiseta y pantalones claros

faja y pañuelico vermellón

y alpargatas de esparto

——–

Tradiciones compartidas

vivencias nuevas cada vez

pero cada año vuelves a vivirlas

con la misma intensa sed

——–

Los niños corren emocionados

al ver la comparsa salir

los gigantes han llegado

“los kilikis van a ir a por ti”

y los zaldikos avispados

esperan agazapados

para hacerlos reir

——–

Los padres celebran los años

que todavía les quedan por vivir

y recuerdan con nostalgia

lo que era ser más joven y salir

——–

Los abuelos rememoran

grandes hazañas pasadas

y con la candidez de un niño

recuperan la inocencia olvidada

——–

Los jóvenes saltan, beben y bailan

brincan, corren y hacen locuras

y sin preocuparse por nada

celebran mientras cantan

que a pesar de etapas duras

sobreviven a la vida

y ganan la batalla

——–

Y no olvidemos a los foráneos

amigos de los toros y las selfies

la sangría, los cubatas y el verano

Muchos locos, siempre hermanos

desde Sidney hasta Memphis

disfrutan el mejor momento del año

——–

Cada 6 de julio el tiempo se detiene

y con fuegos que surcan el cielo

todos celebramos que ya viene

el objeto de nuestro anhelo

——–

La mejor fiesta del mundo

el mejor lugar del planeta

una experiencia de vida

que cambia a quien la siente

y que siempre hace mella

——–

Reencuentros y nuevos descubrimientos

alegría y celebración entre adoquines

un lugar lleno de sentimientos

eso son los Sanfermines

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Todo o nada

Nico caminaba cabizbajo por las calles de la ciudad. Miraba las baldosas y de vez en cuando, como tratando de evitar sus pensamientos, jugaba a saltar de una a otra de manera aleatoria. Otras veces, para tratar de apagar aquello que su razón le gritaba, se subía al bordillo, extendía los brazos en cruz, y caminaba sobre él manteniendo el equilibrio. Intentaba jugar para evitar pensar, pero ya no tenía edad para ello. O eso es lo que los demás le decían.

Ya no sabía cómo acallar esas voces internas que le recordaban todo el tiempo lo que debía hacer. Quería seguir sus instintos, pero le daba miedo que algo fallara, que las cosas cambiaran y que ya nada volviera a ser igual.

Tenía miedo. Esa era la palabra. No sabía cómo hacer frente a ello porque nunca antes le había ocurrido con esa intensidad. Nunca antes había amado a nadie de verdad. Y ahora, de repente, ella había aparecido en su vida y lo había cambiado todo.  Nico se sentía angustiado, sabía lo que quería pero no conseguía darse órdenes a sí mismo para hacerlo realidad. Le obsesionaba pensar que si daba un paso adelante, algo se modificaría en su forma de ser y de vivir, y lo que había conseguido hasta entonces se esfumaría. Y él no quería cambiar su modo de vida. Lo tenía muy claro.


Por eso caminaba y caminaba sin rumbo fijo, esperando que en algún momento esas voces dejaran de resonar en su cabeza. De pronto, obnubilado por sus pensamientos, su desorden mental, y su mezcla de sentimientos encontrados, tropezó con un mendigo. Uno muy especial. Llevaba barba de tres días, un pantalón negro  sucio y desgastado, y una camisa blanca raída. A su lado, reposaba en la acera una chistera, y junto a ella, como custodiándola, su más fiel amigo y compañero, su perro , un retriever dorado.

Nico pidió disculpas, pero el hombre no dijo nada. Ni se inmutó ante su tropezón.

– ¡Lo siento! Perdone, no le había visto -dijo intentando disculparse

– Tranquilo, le entiendo- respondió el hombre tras una larga pausa

-¿A qué se refiere?- le preguntó Nico sorprendido

-A que las personas nunca miran por dónde van, saben a dónde quieren llegar, pero nunca son capaces de hacerlo sin dar rodeos- contó pausado el mendigo

-No le entiendo -dijo él, sintiéndose un poco estúpido por no ser capaz de comprenderle- ¿A qué se refiere?

-Sabes bien a qué me refiero. A que un ciego se tropieza porque físicamente no puede ver, pero el resto tropezamos porque no queremos ver lo que tenemos delante -explicó tranquilo, mientras acariciaba suavemente a su perro- y como no queremos verlo, simplemente damos rodeos para tratar de evitarlo. Y eso ocurre hasta que llega un día en el que ¡¡¡pumm!!!, nos golpeamos con algo que nos corta drásticamente el paso y nos despierta de nuestra ceguera con un sonoro bofetón.

-Perdone, no pensé que le hubiera molestado tanto, yo…, ha sido sin querer- trató de pedir perdón Nico.

-No me ha molestado. No hablo de ti y de mi. Creo que no has entendido nada -dijo esta vez un poco molesto- Te lo estoy diciendo. Resuelve tus problemas sin mirar para otro lado, porque no sirve de nada. Si hay alguien que te gusta de verdad haz algo, pero no te quedes parado -ahí, él ya no entendía nada, ¿cómo sabía lo que le estaba ocurriendo en su vida?- No tengas miedo. Recuerda que para que las cosas funcionen todos debemos ceder un poco y poner de nuestra parte. Y por supuesto, los tropezones no son malos, simplemente porque son humanos. Son parte de la vida, y te harán raspones poco profundos que te ayudarán a ser más fuerte para cuando la herida sea más dura. Hazme caso, sé de lo que hablo. Actúa y tropieza, si no lo haces, no aprenderás a tiempo. Si posees algo ahora no lo desperdicies, porque no sabes si después tendrás otra oportunidad.

De pronto, cayó en la cuenta de que aquel hombre le acababa de dar una lección, y de las grandes además.

-¡Gracias!- le respondió Nico, sacando unas monedas del bolsillo con afán de echarlas a la chistera, pero entonces el perro reaccionó y ladró.

-Está bien, puedes quedártelas -dijo el mendigo sonriendo- yo no estoy pidiendo nada, no las quiero- añadió.

Él no supo qué más decir, asi que se giró y siguió su camino. Tras dar un paseo y meditar en las palabras del hombre, de repente levantó la cabeza y vio un periódico tirado en el suelo. Por inercia lo recogió.

Abrió las páginas y vio algo desconcertante. La cara del mendigo estaba allí, pero en la foto aparecía diferente. Vestía smoking, iba bien peinado, limpio, aseado, llevaba una chistera en la mano, y junto a él un golden retriever dorado. Según la noticia, era un reputado empresario, multimillonario, un hombre de la jet set. La noticia explicaba también que el tipo se había arruinado completamente, ya que al haber malgastado el dinero que poseía, al producirse la crisis lo había perdido todo. Se quedó solo.

Al parecer -relataba el artículo- su mujer, a la que conocía desde hacía mucho tiempo, de aquella época en la que aún no era rico, se vio venir el percal, y le avisó, una y mil veces. Le dijo que se controlara, que no podía llevar ese tren de vida. Ella era humilde y sencilla, siempre lo había sido, todo lo contrario que él, pero a pesar de todo siempre le había querido. Aun así, ella era consciente de lo diferentes que eran, puesto que  él siempre decía que había nacido para ser rico, para tenerlo todo y no depender de nadie. Para ella, sin embargo, su todo había sido siempre él.

Pero el hombre era demasiado orgulloso para reconocer que tenía razón, así que durante años ganó bañeras de dinero, que después fue gastando y gastando sin limitarse. Ella decidió darle una última oportunidad para que rectificara su forma de ser, porque lo quería. Pero fue una oportunidad que él finalmente desperdició. Y ella lo abandonó. Pero antes de irse le dijo: “Recuerda este momento por que algún día te arrepentirás de ello”.

Tras leer el recorte, Nico empezó a ser consciente de las palabras de aquel hombre. “Aprovecha lo que tienes…, no pierdas la oportunidad…, puede que nunca la vuelvas a recuperar. No mires para otro lado, no des rodeos… Un golpe que te abre los ojos de pronto…Tropieza, si no puede que no aprendas a tiempo”, y luego siguió pensando y cayó en la cuenta, “por eso el perro ladró, él único amigo que le quedaba no le iba a permitir que volviera a caer en la tentación del dinero”.

Nico reflexionó sobre lo ocurrido y se dijo a sí mismo que las casualidades no existen. Por algo se cruzó con aquel hombre. Fue consciente entonces de que debía actuar, no perder el tiempo si no quería acabar igual. Tenía que perder el miedo a que su vida pudiera cambiar, porque, de hecho, las cosas siempre cambian, y al menos es mejor que lo hagan cuando uno quiere y no cuando las circunstancias le obligan. “Quiero ser feliz, y la felicidad no se encuentra en lo material. Y si tropiezo, pues mejor para mí. Algo aprenderé en el camino”, se dijo a sí mismo.

Y tras ello, levantó la cabeza y comenzó entonces un camino, lleno de baches y piedras, sí, pero esta vez con un rumbo claramente definido.

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“El más rico es aquel cuyos placeres son los más baratos.”

“¿Qué es la riqueza? Nada, si no se gasta; nada, si se malgasta.”

“No desees y serás el hombre más rico del mundo”

“Lo mejor que podemos hacer por otro no es sólo compartir con él nuestras riquezas, sino mostrarle las suyas”

“El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo”