Trece da mala suerte

No sé si alguna vez os habréis sentidos gafados, pero gafados de verdad, o sea que no paran de pasar cosas chungas alrededor, una detrás de otra, hasta el punto de que llega a ser mosqueante. Bueno, pues así es como me llevo sintiendo yo desde hace tres meses y algo.

Primero me quedé en el paro (ajo y agua, me dije), a eso se me añadieron problemas personales (a tirar palante, pensé), eché la lotería ¿creéis que me tocó?, pues no sólo no me tocó sino que encima los números se cachondearon de mí (como siempre, asumí).Y a partir de ahí empezaron a romperse cosas en casa, dejó de funcionar el microondas, lo cambiamos por uno viejo que habíamos arreglado meses antes y también se murió, descubrimos que el primero no había muerto sino que había sido una falsa alarma, lo pusimos de nuevo y a las dos semanas, ahí sí, dejó de funcionar de verdad. Al final, a arreglar.

A eso se añadió que el ratón de mi ordenador se empezó a volver loco (por enésima vez en meses), el ordenador empezó a fallar y a colapsarse sin más (así que lo reseteé, otra vez, con lo que eso conlleva porque esta vez no pude guardar algunas cosas), los cascos de música murieron (aunque no me extraña de la matraca que les meto), y mi ipod desapareció en el desorden de mi habitación (luego lo conseguí encontrar). Después se estropeó del todo la freidora, que fue a dar a la bazuraaa. Y ya que estábamos cambiando los electrodomésticos, que parecían morir de dos en dos, se aprovechó en mi casa para cambiar también el horno, la encimera y la campana extractora, todas más viejas que yo (literalmente) y la última además inutilizable desde hace años.

Si ya lo decía Murphy si algo puede ir mal irá mal. En fin, ahí no acaba la cosa, un día decidí volverme creativa y me puse a hacer manualidades, concretamente me puse a pintar unos discos viejos con los que quería decorar la pared. Bueno, pues los pinté con toda la ilusión, y a las dos horas la pintura empezó a caerse a cachos, porque de lo vieja que era tenía que estar caducada. El día del libro decidí ir a dar una vuelta para despejarme e intentar autoconvencerme de que esto de ser gafe no tiene razón de ser, bueno pues fui allí, me compré un par de libros y el chico todo amable me regaló dos rosas muy monas. Mi gozo en un pozo, se me murieron al poco rato.

Unas semanas después, mi iPhone se volvió loco, el menú no funcionaba y no reconocía el cable, así que si decidía abrir una aplicación luego no la podía cerrar, y en el momento en el que se acabara la batería, agur iPhone. Total, voy a Movistar y la tipa me dice que busque la garantía, y que si no “pues a ver lo que sale el arreglo” (porque SOLO lo arreglan en APPLE, me dice la cachonda de ella con recochineo) y yo, “ya, ya lo sé”. La otra opción, pienso, podría ser intentar cambiármelo por el 4G, ya que estoy.

Pregunto a la tía sobre qué posibilidades habría de comprarme el nuevo a un precio razonable, y me dice intentando despacharme rápido, “bufff eso te va a salir muy caro, a ver esperaaa, ni con los puntos que tienes ehhh(la verdad es que no tenía muchos pero bueno). Te saldría con lo básico a unos 400 y pico euros”. Cojonudo, pues menos mal que con lo básico. En fin, y encima me lo dice mientras me mira y niega con la cabeza como pensando, “es imposible que ésta con esa cara de cría que tiene pueda pagar esa cantidad de dinero”. (Pues sí señora, estuve a punto de decirle, lo tenía, pero no me pienso gastar ese dineral en un móvil ni de coña, antes me cambio de compañía, amos hombre).

Y yo  pensando “¿¿¿¿Qué???? Ni en pedo (que dirían los argentinos)”. Al final lo llevé al sitio donde lo había comprado y allí probé suerte con lo del temido arreglo. ¿Y dónde estaba la factura para lo de la garantía? Ahhh, pues ni idea, suerte que guardé la caja original y gracias al número de serie la dependienta (esta vez si era maja) pudo hacer el apaño. “¿Y cuanto durará el arreglo aprox?”, le pregunté. “Tres semanicas o así”, dijo. El “o así” no me hizo mucha gracia, pero bueno.

En fin, cuando parecía que ya no podía pasar nada más, mi hermano terminó ingresado tres días en el hospital por una taquicardia (al final sólo un susto). Ahí me acordé de que yo de pequeña tuve soplo en el corazón y empecé a somatizar, “¿y si me da un jamacuco o tengo algo?”. Nah, la preocupación me duró hasta que me comí un buen trozo de chocolate (del dulce y empalagoso, malpensados). Total, si me voy a morir igual, tal y como estamos lo mismo me cae una maceta en la cabeza. Pero bueno, sigamos con lo que estábamos, por si esto fuera poco hoy acabo de hacerle un rayón del tamaño de Rusia a la puerta trasera de mi coche. Genial, oye, lo que me faltaba para completar mi mal fario.

Ayss, como mi gafe siga mucho tiempo más no sé qué voy a hacer, de verdad, me siento como si no pudiera acercarme a ningún sitio, porque por una cosa o por otra, siempre acaba pasando algo. Y lo más gracioso de todo ¿sabéis qué es? Pues que estos días me ha dado por ponerme a pensar en cosas que me gustaría hacer antes de morirme (que espero que quede mucho para eso), y una de ellas (no sé porqué, llamadme loca) es tirarme en paracaídas. Ja, pues como tenga la misma suerte que estando en tierra voy lista.

Anuncios

Publicado el mayo 5, 2011 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: